El ex suboficial Ripeti no mostró arrepentimiento tras su mediática salida de la institución.
Foto: Agencia UNO
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SANTIAGO.- Acaba de regresar de unas vacaciones en Florianópolis, Brasil, donde estuvo con su señora y su hija. Ahora prepara un negocio maderero en el sur de Chile. La vida de Carlos Arturo Ripetti Peña (50 años), el suboficial (R) de Carabineros al que todo Chile vio salir casi desnudo de una comisaría, es diferente a la que pensó que tendría cuando aún estaba en la institución.
Su historia es conocida. El día del televisado retiro, el 4 de agosto del 2011, coincidió con la entrega de las calificaciones policiales y con una masiva marcha estudiantil en Santiago. Recuerda que el jefe de la Comisaría le exigió -por estar en “lista 4”, de llamado a retiro- la entrega inmediata del uniforme institucional a pesar de que no tenía otra ropa para usar. Luego de dos horas de trámites, se aburrió, decidió entregar su uniforme y se marchó de la comisaría de El Bosque en calzoncillos y con la gorra policial, que era suya. Luego vino la persecución contra el tránsito de varios carros policiales, sirenas, operativo con bloqueo de vehículos y él atrincherado en su camioneta. Todo grabado por un equipo de televisión que lo acompañaba ese día.
En su casa de San Miguel, el ex suboficial recibió a TERRA.cl para contarnos qué ha sido de su vida a casi siete meses del curioso incidente en ropa interior.
-¿Temió por su vida cuando huía de sus propios colegas?
“Al comienzo sí, porque claramente no sabían qué estaban haciendo. No cometí ningún delito. Aquella luz roja que decían que me había pasado nunca fue y quedó demostrado por las imágenes que entregó un canal de televisión. No tenían motivo para detenerme”, recuerda.
-¿Se arrepiente del episodio “Ripetti”?
“Para nada. En Carabineros no hay ninguna protección a la clase trabajadora, los que están en la calle. No hay dónde denunciar los abusos, y ésa fue mi forma de protestar. De qué me puedo arrepentir, no sé... Recuerdo que cuando vi las cámaras afuera de la comisaría me dije ‘hay que apechugar no más, y ahí salí en calzoncillos, la única ropa mía esa mañana. Y había 4 grados’”.
Por esa acción, dice, recibió muchas llamados telefónicos de apoyo y poquísimos de reproche. No cobró ni un peso por las decenas de entrevistas que hizo en TV, porque era indigno “lucrar con la desgracia de los carabineros”.
El ex carabinero Ripetti hoy vive de su pensión tras 26 años de servicio y de “pitutos varios” de encuadernación. Está contento, porque sólo demoraron dos meses para pagarle el desahucio, y ese dinero lo depositó en el banco para ocuparlo en futuros proyectos.
En estos meses lo han llamado y ofrecido muchos trabajos, sobre todo, cuando en un noticiario dijeron que pasaba por un mal momento económico.
“Ni siquiera escuchaba lo que me ofrecían. Sólo decía que no estaba mal y que agradecía la ayuda”, recuerda. Sigue manteniendo su mismo número de celular, aunque sospecha que podrían tenerlo “pinchado”, sobre todo si recibe denuncias. Pero no le importa, dice. “No tengo nada que ocultar y, al contrario, mucho que destapar”.
SU SUEÑO: UN JACUZZI
A pesar de las recomendaciones de cercanos y de colegas, Ripetti sigue viviendo en la misma casa de San Miguel. La misma por la que sintió las suspicacias de muchos compañeros que no creían que con el sueldo de servicio pudiera comprársela. ¿Cómo lo hizo? Durante mucho tiempo, tras sus jornadas como carabinero se sacaba el uniforme para conducir un taxi y así generar dinero extra. “Me asaltaron muchas veces, pero como trabajaba escondido, no pude defenderme como corresponde”.
Hoy disfruta de sus ahorros y hasta se dio un “gustito” instalando un jacuzzi en el segundo piso de su casa.
El otro chiche del ex suboficial es su camioneta Nissan Terrano verde. Es el mismo vehículo que conducía el día de la persecución en slip, y en el que siente pena y rabia cuando pasa por las mismas calles donde lo persiguieron quienes él consideraba como sus amigos.
“Recuerdo cuando venían a exceso de velocidad, incluso una de las patrulleras casi me choca al ir contra el tránsito. Todos los que me siguieron eran mis mismos colegas e hicieron el ridículo, no supieron qué hacer frente a la situación”, rememora.
Acompañado de su esposa y su hija de 17 años, y sus tres mascotas, “Chabelita”, “Yasna” y “Pandora”, Carlos Ripetti disfruta el cambio de la vida uniformada a la civil. Muchos ex colegas han decidido hacer lo mismo debido a –asegura- los malos tratos que se viven en la institución.
En los meses que lleva fuera de Carabineros, hay ex carabineros que lo han hecho sentir como un “paladín de la justicia”. Le han hecho llegar denuncias que él investiga para darlas a conocer. La primera, que ya presentó, fue la acusación contra un coronel por mal uso de su auto fiscal, y que terminó en Contraloría.
-Tras todo lo que pasó, ¿se reintegraría si se lo permitieran?
“Si pudiera, sólo lo haría por alcanzar los 30 años de servicio y el grado de suboficial mayor, lo que en la práctica me permitiría incrementar mi renta actual en unos 350 mil pesos más. Sólo por ese motivo”.
-¿Qué extraña de su vida de carabinero?
“Extraño la gente, la que conversaba todos los días con ellos en las calles. Me encargaba de contener a la gente cuando le pasaba algo. Era como un sicólogo. Hoy la gente espera más de los carabineros en ese sentido, más que tomar nota en un parte de lo que pasó”.
Ripetti se prepara ahora para viajar a Chillán donde será padrino de matrimonio de una pareja de carabineros de su ex comisaría. “Me escogieron a mí porque les hice ‘gancho’ cuando se conocieron. Me dijeron que por eso me eligieron y no por tener un padrino famoso”, dice entre risas. Entre su maleta lleva el slip que le hizo famoso en el 2011. A estas alturas una cábala de buena suerte.
- Terra

